Sofía, 1 de junio de 1960
Traducción a partir de la edición inglesa
Esta carta abierta que les dirigimos ha sido escrita por un grupo de miembros del partido y de demócratas profundamente preocupados por el rumbo que ha tomado el socialismo en este país.
Desde hace mucho tiempo, la gente asocia la lucha por el socialismo con sus esperanzas y aspiraciones de emancipar el trabajo y a la humanidad de la opresión y la inseguridad económicas y políticas, por una vida justa y digna.
¿Es eso lo que ocurre aquí y ahora?
Tras la nacionalización de la industria, la propiedad de los medios de producción pasó al Estado en lugar de a los trabajadores, y las altas esferas de la burocracia asumieron el control total. Así, los colectivos de trabajadores quedaron prácticamente privados de toda participación en las decisiones sobre la producción, la inversión y el reparto de los ingresos en sus lugares de trabajo. Como resultado, los obreros fueron engañados y expropiados.
En el campo, las cooperativas agrícolas se convirtieron rápidamente en unidades estatales que padecían todos los males propios de las empresas industriales del Estado. En este contexto, también los campesinos fueron expropiados.
Además, la propiedad de las cooperativas de artesanos y de consumidores, creadas en su origen como organizaciones autogestionadas, quedó asimismo bajo control estatal.
La alta burocracia del gobierno y del partido reinaba ahora de forma absoluta como propietaria única y distribuidora exclusiva de todos los medios de producción. La expropiación estatal total exigía una gestión y una planificación totalmente centralizadas, marcadas por un desequilibrio inherente. Esta situación no se remedió en absoluto con los recientes intentos coercitivos de transferir a los órganos locales ciertas funciones de dirección de la economía.
Semejante modelo de socialismo de Estado burocrático privó a los trabajadores de incentivos y provocó un fuerte descenso de la productividad del trabajo. Por eso, todos los intentos de corregir la situación con instrumentos administrativos quedaron en nada.
La ventaja más celebrada del socialismo, la de desarrollar los medios de producción en beneficio del pueblo, no alcanzó su objetivo.
Ante la tarea imposible de preservar y fomentar el potencial de progreso del socialismo, los máximos dirigentes del partido recurrieron a ciertos pasos arriesgados, de puro aventurerismo, como la idea de un desarrollo económico «a saltos», presentada como «la salida del callejón sin salida». Todor Zhivkov se dedicó a fijar metas infundadas y desmesuradas para multiplicar la producción industrial y agrícola, y a hacer a la nación falsas promesas de una prosperidad inmediata.
La colectivización forzosa de las zonas montañosas y semimontañosas fue también un error y, en lugar de mejorar la agricultura, no podía sino agravar aún más su situación. Contamos ya con dos años de experiencia que confirman el fracaso de la estrategia tanto del desarrollo a saltos como de la colectivización acelerada de las regiones montañosas. Aun así, Todor Zhivkov se aferra todavía al rumbo que ha elegido, y arrastra así al Comité Central del Partido Comunista Búlgaro por el peligroso camino de empresas irresponsables y aventureras que amenazan la vida de la nación y el destino mismo del socialismo.

Con el pretexto de mantener el orden público en Bulgaria y de evitar disturbios semejantes a los recientes acontecimientos de Hungría y Polonia, Todor Zhivkov ha emprendido una ofensiva contra el nuevo rumbo hacia la democracia en el partido y en la sociedad, proclamado por el Pleno de Abril del partido en 1956. Opositores y rivales son perseguidos y apartados sistemáticamente por sostener opiniones divergentes. La nueva línea política fijada por el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética ha quedado totalmente bloqueada; también se ha abandonado la lucha contra el culto a la personalidad y contra las violaciones de la legalidad que de él se derivan.
Ha resurgido el fantasma del poder incontrolado de unos pocos y del poder personal ilimitado, el fantasma de la arbitrariedad, la ilegalidad y los crímenes encubiertos. Conviene recordar, sin embargo, que ningún factor externo puede explicar ni justificar el actual imperio de la ilegalidad, las deformaciones y los crímenes.
El país y el partido han llegado a un punto de ruptura, porque las deformaciones políticas mencionadas y el deterioro de la situación económica se han vuelto irreversibles. Hay ya pruebas suficientes de que el socialismo ha degenerado en una caricatura.
A nuestra generación se le podrá reprochar haber malogrado las esperanzas y la fe de millones de personas, dentro y fuera del país, en que el socialismo es la alternativa más humana y democrática al capitalismo. El país y el partido están paralizados por el miedo; la doblez y el doble pensamiento se imponen; la moral en las relaciones humanas se socava hasta la degradación.
Sin embargo, nada en la historia está fatalmente predeterminado, ni la victoria del socialismo ni su muerte. De nosotros depende elegir si pasaremos a la historia como los sepultureros del ideal más alto de la humanidad, el socialismo, o si seguiremos siendo sus custodios, que lo protegerán y lo regenerarán.
¡Todos y cada uno de nosotros debemos elegir!
Esperamos y creemos que en el Comité Central hay suficientes hombres valientes e íntegros que comprenderán nuestras inquietudes y se unirán para que juntos emprendamos el camino de la renovación antes de que sea demasiado tarde. Les pedimos que adopten una postura crítica ante la actuación de activistas como Todor Zhivkov, Valko Chervenkov, Mitko Grigorov, Boris Velchev, Georgi Tsankov y todos los responsables de la grave situación del país y del partido.
Sus esfuerzos contarán con el apoyo de toda la gente de bien, que constituye la inmensa mayoría de los comunistas y del pueblo.
Su inacción de hoy se convertirá mañana en una traición histórica, una traición a todo lo que ustedes aprecian, a lo que nosotros apreciamos, a todo aquello en lo que creemos.
Sofía, 1 de junio de 1960. Firmado por:
El grupo de Kufardjiev, formado en 1956, escribió en 1960 una carta abierta a los miembros del Partido Comunista Búlgaro. La carta critica duramente una serie de deformaciones del sistema político existente, como la implantación de la propiedad estatal, la planificación centralizada, la falta de incentivos para el trabajo, etc. ¡Sí, todo eso es cierto! Eran graves defectos que sobresalían como una llaga abierta del sistema… En cuanto a los dramas personales y los castigos impuestos, la culpa es ciertamente nuestra y asumimos la responsabilidad. Al reconocerlo no podemos en modo alguno aliviar el sufrimiento de nuestros camaradas, pero al menos podemos aliviar nuestra propia conciencia. Lo mínimo que podemos hacer es admitir la culpa.Todor Zhivkov, de sus Memorias, editorial Abagar, 1997, Sofía
El 1 de junio de 1960, cuatro años después del Pleno de Abril y ocho años completos antes de la Primavera de Praga, siete miembros del partido y antifascistas dirigieron una carta al Comité Central del Partido Comunista Búlgaro. Según los «Siete», el modelo vigente en Bulgaria era un «socialismo de Estado burocrático». Cada palabra y cada frase de esta carta eran verdad y se correspondían con los hechos. La carta trataba de vislumbrar el futuro y de trazar el camino de la renovación cuando todavía no estaba todo perdido. En aquellos tiempos hacía falta mucho valor para lanzar una advertencia tan grave, y aún más: la carta mostraba claridad de visión, ausencia de prejuicios y de autoengaños, una profunda capacidad de previsión e integridad moral. Lo que siguió fueron represalias extremadamente duras contra los «Siete», aunque sus objetivos eran democráticos.Niko Yakhiel (1919–2001), sociólogo y político búlgaro, en Todor Zhivkov y el poder personal, editorial M-8M, Sofía