Por Ivan Granitski
Benjamin Varon, un hombre único y verdaderamente excepcional, nos ha dejado a la edad casi bíblica de noventa y cinco años.
Durante más de veinte años tuve el privilegio y el gran honor de ser su amigo, y como tal pude conversar con él casi a diario sobre los temas más diversos: desde las transformaciones sociales de la Bulgaria actual, pasando por reflexiones sobre la filosofía alemana, sobre todo Hegel, Feuerbach y Marx, hasta el inmenso placer de escuchar los análisis de Benji sobre el pensamiento económico, filosófico y social contemporáneo de Europa. En el curso de muchas horas de discusiones fascinantes surgió la idea de publicar varios libros con los estudios teóricos de Varon.
La editorial Zakhari Stoyanov publicó tres ediciones del libroSenderos, que presentaban algunos de los análisis del pensador. Cada nueva edición enriquecía y completaba las anteriores. Así vio la luz el libro El capitalismo, antagonista de la humanidad.

A comienzos de los años noventa del dramático siglo XX, el nombre de Varon brilló como un meteoro. El diario Duma empezó a publicar sus artículos, que atrajeron como un imán no solo a los lectores más cultos, sino también al gran público. El nombre de Benjamin Varon no era del todo nuevo, pero hasta entonces solo lo conocía un círculo reducido. Duma, y en particular Stefan Prodev, lo redescubrieron al comienzo de la llamada transición democrática.
El 3 de junio de 1994, Duma publicó un documento sorprendente titulado «La clarividencia». Era la Carta Abierta del 1 de junio de 1960, escrita por siete socialistas íntegros y dirigida al Comité Central del Partido Comunista Búlgaro. En ella criticaban una serie de defectos del sistema totalitario.
Benjamin Varon fue una de las fuerzas intelectuales impulsoras de la Carta Abierta. Su personalidad aunaba una alta moralidad, una firme conciencia cívica y una gran profundidad intelectual. El coraje y el valor de aquel auténtico caballero de la idea socialista le costaron casi cuarenta años de penurias y sufrimientos. Sin embargo, la adversidad no logró quebrar su espíritu, y permaneció fiel a su causa y a sus ideas.
Los años posteriores a 1990 marcaron el renacimiento de Varon como teórico y filósofo. Los artículos de ese periodo recogían algunas de las ideas heurísticas más importantes del autor. Estos son algunos de sus títulos: «Sobre el diagnóstico y algo más», «El mito de la transición de izquierda como droga política», «La sustitución de la civilización capitalista», «Sobre la ilegitimidad jurídica e histórica del capitalismo», «La tercera vía como salida del ámbito de la izquierda», «¿Tiene alternativa el capitalismo?», «Reforma social o degradación», «Problemas del liberalismo social», «Los mercados, el Estado y la izquierda», «La globalización», «El capitalismo es hostil al desarrollo sostenible», «De la reforma social a la transformación radical del capitalismo», «El capitalismo, antagonista de la humanidad».
Los estudios de Varon ofrecen un análisis notablemente lúcido, y a menudo crítico, de algunas ideas marxistas clásicas, a las que así enriquecen. Examina a fondo las características de la sociedad moderna y las transformaciones macro- y microeconómicas que se producen a escala mundial, y formula previsiones para el futuro.
Varon demuestra de forma convincente que el paradigma de Marx de una sociedad capitalista con una clase obrera en crecimiento no se cumplió. Al contrario, la clase obrera disminuye en número, mientras que su posición en la sociedad y en la producción, así como la naturaleza del trabajo, experimentan transformaciones radicales. Desde esta perspectiva, es razonable afirmar que la clase obrera, como sujeto histórico al que se asignó el papel de transformar el capitalismo, empieza a desaparecer. Sin embargo, un nuevo sujeto parece estar ocupando su lugar. ¿Qué significa esto?
A finales del siglo XX, los cambios en el sistema capitalista crearon una situación en la que el capitalismo pasó de ser el antagonista de la clase obrera a ser el antagonista de la humanidad. En este contexto han surgido en todo el mundo movimientos sociales de masas que no solo representan la nueva sociedad civil global, sino que rechazan de raíz el sistema capitalista dominante. Estos procesos se desarrollan muy lejos de los sindicatos tradicionales y de los partidos de izquierda institucionalizados, que se distancian cada vez más de la idea de reformar radicalmente el capitalismo.
Según Benjamin Varon, en las nuevas condiciones una transformación radical del capitalismo no exige necesariamente la liquidación de la propiedad privada. Basta con establecer criterios que no estén subordinados al papel determinante de la racionalidad económica. Cuando a esta se le asigna un papel subordinado, puede considerarse que el capitalismo ha sido rebasado, superado en favor de una sociedad distinta, incluso de otro tipo de civilización.
Varon formula una tesis nueva, específicamente búlgara, sobre la transformación radical de la sociedad del trabajo asalariado en una sociedad de cooperación entre dos tipos de capital: el capital material y el capital trabajo.
Hacia finales del siglo XX, quiso el destino que yo fuera testigo de la sincera amistad entre varias personalidades extraordinarias. Asistí a cientos de encuentros entre Benjamin Varon, Stefan Prodev y Valeri Petrov. Sus conversaciones estaban siempre cargadas de energía heurística. Varon exponía sus ideas revolucionarias con una coherencia hegeliana y las ilustraba con un enorme caudal de argumentos jurídicos, económicos y filosóficos. Su erudición impresionaba profundamente a sus interlocutores y los animaba a entablar discusiones que a veces se prolongaban hasta la medianoche.
En esos momentos, viendo elevarse aquellos espíritus libres, me acordaba a menudo de los filósofos de los tiempos de Sócrates y Platón: el vuelo de su imaginación y de su pensamiento no podía detenerlo ninguna limitación temporal ni histórica.

La idea social está muy viva. Evoluciona y encuentra nuevos inspiradores y teóricos. Benjamin Varon es, sin duda, su ejemplo más brillante e indiscutible. Nunca se cansó de adentrarse en los recovecos de la teoría y del pensamiento para comprender la cambiante naturaleza social de las ideas de izquierda. Al observar la vida de aquel hombre polifacético, dotado de un espíritu renacentista, no podíamos sino admirar su estoicismo moral y su perseverancia en la búsqueda de causas y metas nobles, su ilimitada creatividad teórica. Nos recordaba a los precursores de la idea socialista, a aquellas alondras cuyo espíritu emancipado y cuya nobleza dejaron su huella en siglos de historia.
Ivan Granitski, miembro correspondiente de la Academia Búlgara de Ciencias